
En muchas ocasiones, cuando estoy tejiendo en mi mente ideas e ilusiones, pienso que Dios muy probablemente no nos creó del polvo. Dios nos tejió; dedicó tiempo para bordarnos y de algodón del cielo nos formó. Nos hizo de tela resistente para soportar las inclemencias del tiempo y aunque en muchas ocasiones me enredo y deshilacho con los problemas que trae la vida, Él siempre deshace con cuidado los nudos que podrían ahorcarme. Dios sabe remendar mi alma, conoce cada hilo que empleó en mí; sabe que mi habitación es mi refugio, que prefiero meterme bajo la cama porque ahí no existe nadie mas q él y yo. Él ha sido cómplice en mi llanto, desesperación y alegrías, el único que guarda los secretos de mi imaginación, sueños y temores escondidos que solo revelo en ese espacio.
Además Dios entretejió en la madeja de nuestra vida, como un regalo, a la gente especial: la familia y amigos. Nos ha dado hilos de amor que nos amarran a otros y también instantes de dulce algodón, que si no saboreamos rápido se desvanecen pronto. Me dio un corazón de cajón de sastre que guarda todas las sonrisas, sabores y olores del pasado. Y con todo ese enredo, que puedo decir que soy yo, puntada tras puntada creo, confecciono sueños; puntada tras puntada remiendo mis errores y voy uniendo colores; puntada tras puntada, uno la tierra con el cielo.